El día 12 de julio de 2003 supuso un enorme orgullo para nuestra asociación el poder albergar la presentación del libro de uno de nuestros miembros, D. Calixto Torres, quien, bajo el título de Romance de las Voces Negras, fue desgranando alguno de los poemas encerrados en sus páginas. Contó con el acompañamiento musical del dúo de piano y clarinete de D. Francisco Javier Navarro Miranda y de Dña. Mª Araceli Bañón García, a la flauta. Les ofrecemos algunos fragmentos de dicha obra. (Pulse sobre las imágenes para ampliarlas)
I
Amanece...
La campiña, de terrones y olivares,
escucha por sus esquinas
murmullos que el pueblo esparce;
murmullos que no se ocultan
enmascaran las verdades
con un presagio asomado
al filode la catástrofe.

Ya se acerca la tragedia
con un zumbido de enjambre;
un latir endemoniado
emana, sin resignarse,
arrasando como el río
si se aleja de su cauce.

Ya se acerca la tragedia
por una senda de sangre.

Voces claras e inmaduras,
beben del eco insaciable...
se convierten, de inmediato,
en cómplices inmorales.
Cómplices, pues su saliva
hierve y salpica desastres.
(...)
  
II
Lo que se siembra en la vida,
siempre nos da su cosecha.


Mi cosecha fue de amores
vanos, como la promesa
que te hice aquella tarde
cuando entramos a la iglesia
y el cura nos dijo: ¡amaos,
hasta que la muerte venga!,
¡respetaos!, todavía,
cuando las cosas se tuerzan.


De nada sirven los dichos
si la dicha no es muy buena.


Esa tarde, despiadada,
se vaciaron las cervezas;
con ironía me dijeron,
sin tapujos ni vergüenza,
que los brazos de otro hombre
le servían de candela;
que calmaban todo el frío,
el invierno de sus piernas;
que le veía a escondidas,
que hablaban hasta las piedras
de los amores ocultos
que, hay tiempo, llevaba a cuestas.
	(...)
  
Quién sabe decir te quiero
sin un nudo en la garganta,
sin suspirar, sin desvelos....



Quién sabe acaso decirme
lo que aturde cada sueño,
lo que duele despedirse
o a qué sabe un primer beso.
Mientras pueda mirar
mi única ilusión
será verte pasar.
Me he enamorado...
tus ojos claros, niña,
me han conquistado.
-Si quieres que te quiera
dilo de nuevo,
que soy una barquilla
sin marinero.
Lo que daría,
por saciar con mis labios
tanta sequía.
-Si quieres que te quiera
dímelo pronto,
que soy como las hotas
en el otoño
Me escupiste en la cara
pensando que te engañaba,
y al comprobar mi valía
no hubo paño que limpiara
lo que ensució tu saliva.