El día 1 de noviembre de 2002 vio por fin la luz uno de los más importantes proyectos que se marcó nuestra asociación desde sus inicios: la publicación de las obras que con tanto mimo han sido creadas a lo largo de los años por nuestros autores y que es necesario, sin duda alguna, que sean compartidas con el gran público. Así pues, nuestro colaborador D. Manuel Berral del Rosal, prologó y presentó un compendio de cuatro poemarios de nuestro insigne poeta local, D. Juan Velasco Moreno. Bajo el título de Emanaciones, se acurrucan cuatro obras maestras que abarcan distintos estilos y temas: Manantial y cauce, Pretextos, Universo con nube y Opúsculos. Nos permitimos ofrecerles una muestra representativa del buen hacer de nuestro autor.

NANA DE LA NIÑA GOLOSA

Terroncitos de azúcar
en agua clara,
toma mi niña, niña,
por la mañana.
Y por la tarde
mermelada de peras
con aguacates.
A mi niña le luce
cuantito come
como luce en las flores
el agua noble.
Y es tan bonita,
que parece una Virgen
blanca y chiquita.
Niña golosa,
caramelos y almendras
forman tu boca.

                      De Manantial y Cauce
III

Deja que tu llanto muera
sobre la piedra del tiempo
y pueda nacer la rosa
de otro nuevo sentimiento.

Y que el nuevo sentimiento
te intensifique la vida
y te borre el desconsuelo.


XII

Al viento ofrecí mis manos
y a la mar mi corazón;
la tierra quiso mis ojos,
se los di sin condición.

Ya sólo me queda el alma,
alacena sin perfume
de mi vida desolada.

De Pretextos

SE ME HAN CLAVADO en el corazón
las agujas crueles de la pena, pues
del vientre materno fluye, leve, pero
constante, un regato de sangre
ennegrecida. Al jugoso cáliz donde
tan amorosamente deposité mi polen,
se le han enturbiado los
fondos y el agua de la vida se ha
contaminado.
La dulce alegría de ayer, ha dado
paso a la idea de haber fecundado
una sombra.
En mi memoria, hijo mío, tu rostro
se desvanece.

De Universo con nube

SÓLO cuando el alma alcanza la
serenidad que otorga su luz cenital
-luego de una vida larga y
pesarosa-, logramos restañar las
sangrantes heridas de la
indeterminación y el miedo. El alma ha
acumulado para entonces tantas
turbaciones, que no le cabe ninguna
más. Y así, una vez que el cofre está
lleno, las arrojamos al abismo, y todo
cuanto acontece después pasa a
importarnos un pimiento, lo que dicho
a voz en cuello sería: ¡váyanse todos a
la mierda!

De Opúsculos