El 22 de mayo de 2004, nuestro poeta local, don Joaquín Marín Almenara, nos deleitó con un adelanto de lo que será su próximo libro. Su recital estuvo presentado por don José Naranjo Ramírez y amenizado por la señorita Laura González, quien arrancó de su guitarra unas magníficas piezas flamencas. (Fotografías realizadas por Beatriz García Ramírez. Pulse en ellas para ampliarlas.)
D. Joaquín Marín
La Srta. Laura González
D. Joaquín Marín
El acto contó con una gran afluencia de público
D. José Naranjo presenta alpoeta
A MAYO
Yo te saludo, Mayo esplendoroso
mes de la luz, los besos y las flores,
de la mies ya en sazón y mes gozoso
de los campos rotundos en colores.
Mayo, yo te saludo tan hermoso
pleno de juventud y de sabores;
Mayo de claridad, maravilloso,
del amor, los amantes, los amores.
Y te saludo, Córdoba florida,
pues tremolas a Mayo por bandera,
que es símbolo de abrirnos a la vida.
Brindo por ti en esta primavera,
ciudad inmortal, de nuevo renacida,
Córdoba del clavel y la palmera.
                       

            UNA TARDE
Una tarde de pueblo te esperaba
acechando en la esquina de mi pena,
escondido en silencia te anhelaba
una tarde de pueblo como aquella.
Entre sueños mi mente dibujaba
tu bello rostro, flor de primavera,
mi corazón, sensible, adivinaba
tu presencia, tu cuerpo: mi quimera.
Aferrado a tu ausencia deliraba
con la ilusión intacta del que espera.
Una tarde de pueblo te esperaba
tras la esquina, en silencio, con mi pena.
               QUIERO PENSAR QUE DUERMES
Ante la fotografía de una niña sudanesa, exánime a los pies
de su madre.
Quiero pensar que duermes, pequeña sudanesa.
Quiero pensar que estás por unas horas
aislada de este mundo que te ha tocado en suerte.
Quiero pensar que el sueño que tu madre vigila
es el sueño gozoso de un niño acomodado.
Que al despertar, tu madre te ofrezca con cariño
el calor de sus brazos y sus feraces pechos.
Que al despertar, tuvieras cunas de blancas sábanas,
y una sonrisa tierna de maternal mirada.
Quiero pensar que duermes y tranquila descansas
al amparo amoroso de tu progenitora.
Pero no tienes cuna y tu madre está exhausta,
cansada y abatida; apenas ya con fuerzas.
Si es que le queda alguna, si es que le quedan lágrimas,
sólo podrá llorar y velar tu cadáver.
                            OTOÑAL II
Las hazas tenuemente se cubren de esperanza.
Descansan los barbechos.
Onduladas colinas y pequeños ribazos
de cardos y de hinojos conforman el paisaje.
Profundos acirates y, al fondo, en la hondonada,
unos mustios almendros olvidados del mundo.
Las azuladas pitas castigan con su espada
al viento que, en la tarde, navega entre los árboles
y agita los penachos de los cañaverales
donde escondidos trinos dormitan su otoñada.
Latencia de las cepas de desnudos sarmientos,
duerme su sueño eterno el mágico elemento,
que alegrará los rostros en los días de fiesta
y enjugará las penas de los desamparados.
                  UNA VETUSTA CAJA
Una vetusta caja en madera de teca;
en su interior, intactos, avíos de coser:
el dedal, las tijeras y as finas agujas.
También tiene un pañuelo con unas iniciales
que bordaran sus manos soñadoras y jóvenes
y que guarda ese aroma de los años pasados,
ese olor que transmite la pátina del tiempo.
Dedal que protegiera sus dedos tantas veces,
delicadas tijeras de blondas y vainicas
y agujas que trazaran puntadas primorosas.
Y en un pequeño espejo incrustado en su tapa,
¡cuántas veces su rostro, joven, se reflejara!