La noche del pasado 28 de julio tuvo lugar en los jardines del Palacio Ducal de Fernán Núñez el primer acto oficial de "Caños Dorados", con un recital de nuestro ilustre poeta local D. Juan Velasco Moreno. Dicho acto fue presentado por D. Manuel Berral del Rosal y estuvo acompañado por la flauta travesera de nuestro paisano D. Antonio Cuesta Moreno.

Nuestro poeta recitó una selección antológica de su vasta obra, junto con algunos otros poemas inéditos. He aquí algunos de ellos.

        BAILAORA   

Su brazo trazó en el aire 
una estela de misterios
y sus plantas palpitaron
quebrantando los silencios. 

Luego se abrieron sus ojos
como lagos bajo el cielo 
y esperó que de él bajara
un rutilante lucero. 

Pero el brillo estaba ya
arrebujado en su cuerpo
y encendiendo sus mejillas 
de un albo casi perfecto. 

Ágil sonó la guitarra, 
con arrullos palomeros 
que encabritaron sus carnes 
y despeinaron su pelo. 

Un casamiento de palmas 
con roncas voces de aliento 
hicieron correr su sangre 
desde los pies hasta el cuello. 

Crepitó la lumbre oculta 
bajo sus ropas de yelo. 
Clamores de llamaradas 
dieron contorno a su cuerpo. 

Fue cadencia y luego gracia, 
fue tormenta y luego verso, 
fue lujuria derretida 
en arrebato poseso. 

Inflamada por la danza, 
se quemótodo su cuerpo. 
Voz y guitarra callaron 
oprimidas por el miedo. 

Cuando el fuego se apagó 
y todo quedóen silencio, 
cuatro guitarras de plata
purificaron su cuerpo. 

De Cuando gemido me siento 
     FERNANDA DE UTRERA

Tu voz es el lamento de un presagio; 
un ribazo de sangre en las entrañas 
guardando coagulada la esperanza 
envuelta en un pasado tenebroso.

Eres viva presencia de los sueños 
que perduran debajo de los puentes; 
pero muestras tu cara de dulzura 
cuando el eco es raíz del sufrimiento.

Y cantas porque sufres dependencia
y quieres o pretendes liberarte
llorando por tu boca las afrentas.

No es sencillo vivir con esa carga; 
por eso cada cante y cada queja tuya,
hace que nos duela la memoria.

         De Cuando gemido me siento
          EN CASA DE LA DOÑA

Tan soberbia y distante su apostura 
era, que nadie osaba aproximarse 
ni a su beldad divina insinuarse 
al ver su gesto de afectada altura.

Confiado a mi mejor y fiel ventura, 
con osadía, la obligué a pararse 
y le dije, sin tiempo a preservarse, 
que aspiraba al placer de su hermosura.

Mi actitud la cogió desprevenida, 
pues nadie antes le habló con tal descaro 
que viera su altivez comprometida.

Entonces yo pensé: lo tengo claro.
Si ella, ahora, a su lecho me convida, 
verá de qué es capaz un tipo raro.

De  Andanzas amorosas de un discreto libertino
     EPIGRAMA III

La primera vez que fui 
a parrandear de amores, 
me encontré con tantas flores 
que ninguna recogí.

Una dejé por temprana,
otra fue por deslucida, 
la tercera por parida... 
Le pudo el miedo a la gana.

De  Andanzas amorosas...
      EPIGRAMA VII

En la carreta, dormido 
sobre la paja ahuecada, 
me encontró una descasada 
bien armado y mal vestido.

Me montó como un jinete
que se dispone al asalto,
mas me atacó de tan alto 
que se descascó el ojete.

De  Andanzas amorosas...